CURIOSEANDO EN EL FONDO DOCUMENTAL DEL GOBIERNO CIVIL DE LA PROVINCIA DE LAS PALMAS MÁS…
Los «Petardistas» de Teror
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LOS «PETARDISTAS» DE TEROR

Calle Mayor, Teror.
Fotografía N.º: 008269. Fotógrafo: Carl Norman. Colección: José A. Pérez Cruz. Año: 1893.
[Fuente: Archivo de fotografía histórica de Canarias, FEDAC].
Este curioso hecho ocurrió en la villa de Teror, Gran Canaria. A finales del siglo XIX, varios individuos, que no parece que fueran identificados, atentan contra la vida del médico del pueblo recién nombrado. Es curioso que, el periodista que escribe el artículo, los llame «petardistas», creo que lanzar dinamita, hasta en cuatro ocasiones a la casa del médico y a la casa de un amigo del mismo, es mucho más grave que tirar petardos o voladores.
Parece intuirse, de los artículos que extraje de los periódicos: El Liberal y El Trabajo, que la causa fue una cuestión política, según un vecino que parece justificar el acto execrable de lanzar dinamita porque el médico, según él, era solo practicante y porque era coronel carlista. Quizá, hubiera de fondo un interés económico de algún curandero que hacía las labores de médico hasta la llegada del oficial. Probablemente, nunca sabremos qué fue lo que pasó. Como en todo acontecimiento o hecho histórico, hay muchas aristas. Incluso, estando presentes en el mismo lugar de los sucesos, distintas personas, sacarán conclusiones diametralmente opuestas. Probablemente, se unieron un cúmulo de circunstancias, políticas, rencillas, intereses o simple «hijoputismo», si se me permite la expresión. Los historiadores dicen ser neutrales, pero casi nunca lo son, aunque lo pretendan ser de buena fe. Yo, como investigador, procuro ser neutral también, pero seguro que no lo consigo. Un buen ejemplo de sesgo político e ideológico es la que, Mr. Boinas, denomina: «Ley de Desmemoria Democrápula», en tono crítico-jocoso, en su obra autocensurada: Chorra-Poemario y Chorra-Relatos con Ínfulas de Novela: Como Gato Panza Arriba. Viniendo de quién viene esa ley, no es extraño tampoco el sesgo.
Paso, sin más dilación, a transcribir los artículos arriba mencionados.
Las Palmas de Gran Canaria, Miércoles, 2 de Diciembre de 1885, EL TRABAJO, DIARIO DEMOCRÁTICO, página 1, número: 78:
«PETARDISTAS DE TEROR.
Hace ya algún tiempo que en aquella villa, cuyos habitantes se han distinguido siempre por su carácter bondadoso y hospitalario y por sus costumbres morigeradas [Buenas costumbres], se está impunemente cometiendo cierto género de delitos, de los cuales no hay ejemplo en la historia de ningún pueblo de Gran-Canaria.
Y vaya un poco de historia.- Hasta hace poco, la villa de Teror, no por falta de medios, sino porque allí, como en todas partes, la política y el lucro personal han venido sobreponiéndose a los comunes intereses, carecía de Médicos, haciéndose preciso acudir a esta ciudad o a la villa de Arúcas para que los facultativos establecidos en ambas poblaciones recetasen a los enfermos, bien por las instrucciones que les comunicaban las personas de su familia, verbalmente, o por escrito alguien que supiera hacerlo, bien trasladándose el Médico al lugar donde era llamado, cuando ya amenazaba peligro la vida del enfermo. Así venía, en efecto, sucediendo, hasta que el Ayuntamiento de Teror se vió en la necesidad de consignar en sus presupuestos la cantidad necesaria para que un facultativo se hiciera cargo de desempeñar la titular de dicha villa. De entonces acá han nacido y rápidamente se han desarrollado los petardistas de Teror.
El facultativo en Medicina y Cirujía, D. Manuel Bayo, sabedor de que en uno de los pueblos de esta isla se necesitaba un Médico titular, solicitó y obtuvo dicha plaza; y aquí empieza, con el contento de los más el desabrimiento de los menos. La presencia del Sr. Bayo a la vez que era una garantía para los habitantes de la villa de Teror que hasta entonces se hallaban a merced del curanderismo, que tanto abunda en ciertos pueblos del interior de esta isla, despertaba celos y fomentaba envidias en ciertas personas y regiones.
Pero aun cuando esto sucede frecuentemente, por desgracia, en nuestra sociedad; aun cuando acontece que para ciertas personas es un delito, y un delito imperdonable, que otras se busquen la vida honrada y noblemente, cuando por tal modo se recienten [resienten] sus particulares intereses, nunca, jamás se nos vino a las mientes [mentes] que la vida del Sr. Bayo corriese peligro; que la villa de Teror fuera teatro de los más escandalosos atentados, y que, ocultos entre las espesas sombras que sobre ciertos lugares arroja la impunidad, unos cuantos malhechores tratasen de asesinar cobardemente a un ciudadano honrado, por el hecho de ejercer su profesión allí donde ha sido llamado o donde lo ha tenido por conveniente. Esto jamás llegamos nosotros a pensarlo.
Cuatro veces que sepamos, han sido arrojados al patio de la casa de D. Manuel Bayo enormes petardos que han ocasionado grandes deterioros en la misma; pero Dios por lo visto no ha querido que los criminales consigan su dañado intento: el médico de Teror ni ha muerto bajo la influencia destructora de la dinamita, ni le ha faltado valor para arrostrar el peligro y permanecer impasible en su puesto, a despecho de egoístas y cobardes malhechores.
pero hay más, el domingo último, entre una y dos de la mañana fué arrojado otro petardo a la casa de D. Sebastián Domínguez, quien parece estar condenado a sufrir iguales o parecidas persecuciones que el Médico titular, por el hecho de conservar con éste antiguas y sinceras relaciones de amistad.
Y estos hechos altamente escandalosos de que más de una vez, si bien pálidamente, se ha hecho eco la prensa de la localidad, son tanto más lamentables en la presente ocasión, cuanto que los criminales han contado hasta el presente con la impunidad, no sabemos hasta qué punto esplicable [explicable], en pueblos tan pequeños y donde poco o nada se ignora, como en la villa de Teror.
Por nuestra parte, y creyendo firmemente, ¡Cómo no habíamos de creerlo! que las autoridades locales de la referida villa han de rechazar enérgicamente tantos y tan punibles atentados, que no solo pugnan contra todo sentido moral, sino que a la vez hablan muy mal del pueblo donde se cometen, y donde, por añadidura, se cometen impunemente, excitamos su celo hoy más que nunca necesario y llamamos, al propio tiempo, la atención de las autoridades superiores, a fin de que, descargando sobre los criminales la espada cortante de la ley, sin perjudiciales consideraciones ni punibles condescendencias, desaparezcan de una vez y para siempre los «petardistas» de Teror».
Dos semanas después del artículo anterior, un vecino de la villa de Teror, llamado Agustín Rodríguez, remite una carta de denuncia o queja contra el médico Manuel Bayo. Le acusa de varias cosas. Veamos:
Las Palmas de Gran Canaria, Viernes, 18 de Diciembre de 1885, EL LIBERAL, página 3:
«Remitido.
De Teror recibimos el siguiente que insertamos sin hacer la más leve alteración en su texto, y dejando íntegra al remitente la responsabilidad de sus afirmaciones.
Sr. Director de EL LIBERAL.
Suplico a V. la inserción de las siguientes líneas de cuyo favor le vivirá eternamente agradecido su affmo. s. s. q. b. s. m. [Afectísimo seguro servidor que besa su mano].
AGUSTÍN RODRÍGUEZ
Los honrados vecinos de la villa de Teror no pueden pasar en silencio el insulto que a sus costumbres se les ha hecho por personas extranjeras y que tienen decidido empeño en manchar la reputación y buen nombre del pueblo. Doscientos años há que se construyó el templo de esta villa donde se venera la Virgen del Pino, y durante estos dos siglos siempre ha sido respetado y venerado, no solo por sus habitantes sino también por los de la provincia entera; pero en la mañana del día 29 del pasado Noviembre fue como de costumbre el virtuoso Párroco D. Judas A. Dávila a cumplir su ministerio en el confesionario y no le fue posible permanecer en él mucho tiempo, pues encontró el asiento y los hábitos en indecoroso estado. Al reconocer tan sucia profanación, se levantó indignado y se propuso encontrar al autor del sacrilegio. Pasaron los días y el Sr. Cura no descansó en su difícil tarea, llegando por fin a saber que el autor de hecho tan sucio e indigno, era una persona de las que componen la camarilla íntima del Coronel carlista D. Manuel Bayo y Lamana, y como se estuviese acumulando el hecho a personas inocentes, El Sr. Cura dio orden al Sochantre y a una persona de su familia para que divulgasen el hecho: luego que esto se supo se produjo un movimiento de incredulidad para convertirse en indignación general. ¿Quién podría imaginarse que una persona de la camarilla de Bayo, (quien llegó a este pueblo como representante del candor y la inocencia, haciéndose cofrade de todas las hermandades, que no pierde misa ni rosario todos los días), fuese el autor de la más sucia de todas las profanaciones y de un sacrilegio? Contra locun sacrum ex ipsa natura rei, absque aliqua prohibitione eclesiae [Contra un lugar sagrado, basándose en la naturaleza misma del asunto, independientemente de cualquier prohibición de la Iglesia]. Con el único objeto de lanzar una mancha sobre los vecinos de este pueblo. No es creíble que los tribunales dejen impune un hecho de tal naturaleza y se aclaren de una vez misterios que hacen poco favor a esta villa, según afirma el diario El Trabajo en su número 78 en un artículo con el cual seguramente fue sorprendido: y a su imitación hagamos también historia, y no cuento como el articulista.
Hace 4 años se presentó en este pueblo el Sr. Bayo procedente de la Aldea de S. Nicolás en donde se hallaba hacía algún tiempo: y no vino en busca de la titular (que aún no estaba creada) sino en busca de un clima aparente para cierta dolencia que padece su Señora, y aquí en Teror donde llueve y hace frío todo el invierno lo encontró.
En este pueblo fue acogido con las mayores muestras de simpatía y este Sr. se entretenía en contar las curas prodigiosas hechas por él en Madrid. Como había una falta muy grande de médico se aceptó sin mayor examen de sus condiciones y se creó una plaza de titular para él, y una respetable suscricion [suscripción] garantizándola cuatro personas de las más caracterizadas.- Esto es lo que hicieron los caciques con el Sr. Bayo.- Pero al poco tiempo se supo que el tal profesor-médico no era más que un practicante habilitado con un título de médico de 2ª clase, (aún cuando ese señor afirma que hay 30 o 40 clases de médicos y él es de 2ª). Esto por una parte, por otra el público se empezó a convencer que su ciencia estaba muy confusa pues se dieron varios casos desgraciados en los cuales otros médicos que intervinieron declaran que sucedieron por falta de conocimientos médicos.
En su virtud el público desconfió del saber y títulos del Sr. Bayo y le retiraron la suscricion [suscripción]. Esto ha puesto furioso a ese Sr. y trata de imponerse coartando la libertad de consultar con otros médicos e incomodándose grandemente cuando se le propone una consulta. Esto y su carácter pleiteador hace que en el pueblo no tenga más relaciones que con las personas que le deben algún dinero y tienen la desgracia de no poderle pagar.
A todo esto, ni la Señora ha venido ni se sabe con certeza quién es el Sr. Bayo, puesto que se haya envuelto en tal misterio que ni recibe cartas a su nombre ni tiene confianza en el correo para depositar las que remite.
Duro es tener que ocuparse de personas que buscan su vida por los medios que estimen conveniente; pero no le es permitido a nadie poner al descrédito público a un pueblo y a personas dignísimas del mismo con las cuales comete la falta más fea que puede tener el hombre, cual es la ingratitud.
El Sr. Bayo y Lamana sabe muy bien que cuando llegó aquí todos sus bienes se reducían a 100 pesetas y hoy lo poco o mucho que tenga lo debe solo al celo e interés que por él tomaron aquellos a quienes tan injustamente trata exponiéndolos al público como sus implacables enemigos, cuando han sido sus bienhechores.
Teror 15 de Diciembre de 1885.
AGUSTÍN RODRÍGUEZ».
A continuación, añado la contestación del diario, El Trabajo, a la carta publicada en el periódico, El Liberal, y escrita por Agustín Rodríguez, vecino de Teror:
Las Palmas de Gran Canaria, Lunes, 21 de Diciembre de 1885, EL TRABAJO, DIARIO DEMOCRÁTICO, página 1, número: 89:
«EL PAGO DE UNA DEUDA.
«Por falta de espacio, no podemos ocuparnos hoy de un comunicado que suscribe D. Agustín Rodríguez, vecino de Teror, y publica El Liberal en su número de ayer, en el que se alude directamente a nuestra publicación, con motivo de un artículo que publicamos hace ya muchos días bajo el epígrafe Petardistas de Teror.
Recogemos, pues, la alusión hasta el lunes próximo, en que, Dios mediante, la devolveremos a su autor, en la forma conveniente.»
Esto dijimos en nuestro número del sábado, y cumpliendo el compromiso contraído, vamos a ocuparnos nuevamente de un asunto que casi habíamos olvidado por completo, y que la ligereza tal vez ha hecho revivir en la prensa, para vergüenza de aquellas personas honradas que repugnan cierto género de persecuciones y en perjuicio de los mismos petardistas a quienes la luz debe hacer bastante daño, porque estos individuos necesitan del silencio y de la oscuridad para llevar a cabo impunemente sus escandalosos atropellos.
En defensa, no del amigo, que ningún género de relaciones nos liga con el Sr. Bayo, a quien, dicho sea en honor a la verdad, ni siquiera conocíamos cuando tomamos la pluma para redactar aquel pequeño artículo que tanto, por lo visto, ha disgustado al Sr. Rodríguez; no tampoco por consideraciones al médico de primera o segunda clase, que esto nada a nosotros nos importa, ni mucho menos por favorecer al que el remitente llama Coronel carlista, sino en defensa de la vida de un hombre, puesta en peligro por tan reprobados como escandalosos y cobardes medios, EL TRABAJO trató de excitar el celo de las autoridades, a fin de que, descargando sobre los criminales la espada cortante de la ley, sin perjudiciales consideraciones ni punibles condescendencias, desapareciesen de una vez y para siempre los petardistas de Teror, como así debiera a su vez desearlo el Sr. Rodríguez, que tanto se interesa por el buen nombre del pueblo donde habitualmente reside, y donde, tal vez, haya abierto sus ojos a la luz.
Con todo, tan meritoria conducta, que ha debido regocijar a los honrados vecinos de dicha villa, no ha sido apreciada en todo lo que vale por D. Agustín Rodríguez, y, tratando este señor de neutralizar el mal efecto que en el ánimo del público produjo la relación de un hecho, que no tiene precedente en la historia de los pueblos civilizados, le da el nombre de cuento a dicha relación, y la sustituye con otra que llama historia y que nosotros no hemos de examinar.
¿Qué nos importa, pues, que el Sr. Bayo llegase a Teror antes o después de crearse por aquel Municipio la plaza de Médico titular, único punto en que difiere la historia del Sr. Rodríguez del cuento de EL TRABAJO?¿Es que el remitente, no pudiendo negar la existencia de los petardistas, trata de justificar la conducta de éstos trayendo torpemente al terreno de la prensa periódica lodo del corazón, cieno del alma, que El Liberal ha cuidado mucho de dejar íntegros para su autor?.
Nosotros no hemos de seguir en ese terreno a D. Agustín Rodríguez; y aún cuando nada es, en verdad, tan legítimo como el derecho de la propia defensa, decididos como lo estamos a que no se manchen jamás nuestras columnas con escritos de cierta naturaleza, si cualquier día intentase el Sr. Bayo devolver con igual o parecida forma los ataques recibidos, entienda el médico de Teror, y con él las personas que deben entendernos, que ni hoy, ni mañana, ni nunca, serviremos de medio para que se lancen al público, a guisa de defensa, libelos infamatorios.
Por lo demás; el Sr. Rodríguez se halla conforme con todo lo que dijimos en aquel artículo que parece haber dado origen a la presente cuestión, con la sola diferencia de que, cuando llegó a Teror el Sr. Bayo, no se había creado todavía la plaza de Médico titular. De modo, que siendo cierto lo de los petardos, toda vez que el remitente no ha podido contrariar nuestro aserto; siendo evidente que la vida de D. Manuel Bayo ha venido corriendo peligro allí donde ejerce su profesión; que la villa de Teror ha sido convertida en teatro de los más escandalosos atentados; que unos cuantos malhechores, ocultos entre las sombras que sobre ciertos lugares arroja la impunidad, han tratado de asesinar cobardemente a un ciudadano y hasta a los amigos de éste; siendo todo esto cierto, la prensa debe enmudecer, porque el Sr. Bayo es un practicante habilitado con un título de médico de segunda clase, o porque se le acusa de haber en otro tiempo defendido la causa del pretendiente a la corona de Castilla.
Mientras tanto, D. Agustín Rodríguez, que tal celo e interés demuestra en pro del prestigio y buen nombre del pueblo donde reside; interés y celo que le ha llevado hasta el sacrificio de redactar algunas palabras en latín, para más inligencia del público, como diría cierto amigo nuestro, D. Agustín Rodríguez no tiene una palabra con que censurar la conducta de aquellos que han querido asesinar cobardemente a un ciudadano indefenso.
Nosotros no imitaremos nunca esta conducta, porque tenemos aprendido que lo cortés no quita lo valiente».
Al revuelo creado en la prensa y, suponemos que en la villa de Teror, en defensa propia, contesta la propia víctima de los atentados, D. Manuel Bayo. Dejo aquí el comunicado que envía al periódico, El Liberal:
Las Palmas de Gran Canaria, Martes, 29 de Diciembre de 1885, EL LIBERAL, página 3:
«COMUNICADO.
Sr. Director de EL LIBERAL.
Muy Sr. mío y de toda mi consideración y respeto: Habiendo visto en el núm. 228 del periódico de su digna dirección un comunicado de ésta que se ocupa de mi humilde persona, le suplico se sirva insertar el que acompaño en justa vindicación de mi conducta. Dóyle anticipadamente las gracias y con este motivo se ofrece a V. su affmo. y s.s.Q.B.S.M
MANUEL BAYO Y LAMANA.
Teror y Diciembre 23 de 1885.
En Teror se cometió há días la más sucia de las profanaciones y un sacrilegio tres veces reprobable por haberse efectuado en el templo y en un lugar destinado a administrar el sacramento de la penitencia.
El hecho causó general indignación, y es reprobado, no digo por todos los fieles, sino por toda persona que tenga un poco de edcuación y decencia. Hay un Sr. que se firma Agustín Rodríguez, que parece saber de latín, y que dice que sabe quién es el autor del delito, y lo dice en un periódico, pero echando la responsabilidad de sus afirmaciones al Sr. Cura y al Sochantre y a un individuo de su familia y a todos menos a mí mismo y no teniendo la franqueza necesaria para nombrarlo. Claro está ¿Qué importa saber quién ha profanado el templo del Señor?. Esto era lo importante: pero no para los que han escrito el comunicado, que firmó el D. Agustín Rodríguez. Para ellos lo importante era atacar al médico de Teror, al que suscribe, y lo realizaron de la manera más ingeniosa del mundo. El delito, han dicho, lo ha perpetrado una persona de la camarilla del Sr. Bayo. Y con este motivo se acriminina [incrimina] al Sr. Bayo, se denigra al Sr. Bayo y se dirigen al Sr. Bayo ataques embozados mientras se escurre el bulto para evitar la acción de los tribunales, más se clarean lo bastante para que los lectores entiendan mil indignidades calumniosas. Esto ni es digno, ni noble, ni decente. En primer lugar yo no tengo camarilla, ni la he tenido nunca. Guárdese esto para los caciques que pueden vender protección, recargar o disminuir las contribuciones a su gusto e influir para que los mayores delitos queden impunes. Yo no tengo camarilla, y basta conocerme para entender que no podría ser amigo de quién obra de un modo a la vez sacrílego, bajo y ruín. También yo digo que no es posible que los tribunales dejen impune un hecho de tal naturaleza, sin embargo de que otros hechos escandalosos han quedado sin castigo, si bien es cierto que de esto no siempre tiene la culpa el tribunal porque se le engaña con testigos o justificaciones falsas.
Entretanto ahí tenemos un testigo, D. Agustín Rodríguez que dice saber quién es el autor. En lo que se refiere a mí directamente el comunicado de EL LIBERAL poco tengo que hacer. Prometo llevar una vida arreglada a mis convicciones, que son por la gracia de Dios, sinceramente católicas y creo no haber de dar cuenta a nadie y mucho a menos al público, máxime en estos tiempos de libertad, de si voy a Misa o asisto al Rosario, o pertenezco a hermandades o cofradías. Y aunque nadie tiene derecho a exigirme que le diga lo que yo soy o he sido, no tengo reparo en decir no soy ni he sido Coronel carlista como afirma, porque sí, el comunicante. Vine a Teror en uso de la libertad que a los españoles nos da la ley; se creó la titular y me nombraron para ella conforme a la ley; se hizo una suscricion [suscripción] o contrato particular que producía 1638 pesetas anuales y yo acepté porque soy médico y me convenía. Cierto que cuatro personas garantizaron el cobro de la contrata; pero es cierto también que para cobrar debí de entablar un pleito, que gané, no obstante haberse propalado [propalar es sinónimo de divulgar] con este motivo que mi título profesional no era más que el de un practicante habilitado, con la intención que se puede suponer. Nada diré de mi ciencia, en primer lugar, porque no creo que haya quien pueda vanagloriarse con razón de ella, mayormente en medicina, ciencia tan importante como difícil; pero es completamente falso que yo me haya gloriado de curas prodigiosas, más falso aún que coarte la libertad de nadie para que consulten con otros Sres. médicos; antes al contrario, he pedido mil veces consultas y las he aceptado siempre que los deudos o parientes de mis clientes me lo indicaron, y no recuerdo en mi vida haber rechazado ni una sola, aunque varias veces me las hayan propuesto sin necesidad. No obstante no negaré que algunas veces no he estado conforme con el parecer de otros compañeros; y fuera errado o acertado mi parecer, ello es que en cierta ocasión en conciencia no pude firmar algunas certificaciones que me presentó el comunicante firmadas ya por algún otro compañero que vería las cosas de otro modo que yo: sin que esto signifique que mi compañero no cumpliera con su deber, porque nadie como yo respeta la opinión ajena, por lo mismo que exijo que se respete la mía, siquiera sea pobre y humilde. Y tal vez sea ahora la ocasión de preguntar ¿Si yo hubiera firmado aquellas certificaciones y me hubiese obligado a sus exigencias hubiera ido nunca a EL LIBERAL con el comunicado concebido?¿O continuaría aún el firmante con sus elogios exagerados, regalos de bastones? etc, etc. ¡Que tengo un carácter pleiteador! No, esto no es cierto, no es verdad, he reclamado mis derechos ante los tribunales cuando no he podido hacerlos efectivos de otra manera; y esto es todo. Y puedo añadir que no habrá pobre ni rico que tenga queja de mí ni nadie que pueda afirmar que tengo afán de dinero. Mi derecho y mi decoro, han sido siempre mis móviles, como lo son de toda persona que en algo se estime. En fin como ningún hombre bien educado tiene la pretensión de introducirse en la vida privada y es una indecencia llevar a la prensa siquiera sea en forma indagatoria estos asuntos, relego al desprecio cuanto sobre el particular pudiera verse en el comunicado del Sr. Rodríguez porque no he de descender a un terreno impropio de mi educación. Antes de concluir observaré que la lealtad y la nobleza exigen imperiosamente la claridad de las inculpaciones o de no imponer un silencio absoluto. Tal vez se aclare el misterio del comunicado de EL LIBERAL si se tiene en cuenta que sobre un hijo del firmante y el mismo Sr. D. Agustín Rodríguez, recaigan sospechas más o menos fundadas o estén acusados ante el tribunal de justicia a causa de los petardos que se han disparado en Teror. Soy de V. su affmo. y S.S.
Q.B.S.M.
MANUEL BAYO.
P.D. Acabo de recibir autorización verbal del Sr. Cura para hacer público que tiene el convencimiento pleno que ni yo ni ninguna persona de los que conmigo se tratan con intimidad han sido autores de ese hecho indigno y que no autorizó a nadie para que se publicase en EL LIBERAL ni en periódico alguno lo que el Sr. Rodríguez afirma en su tristemente célebre comunicado.
MANUEL BAYO».
Y hasta aquí, queridos noveleros históricos, este pequeño entretenimiento terorense entre caciques que no pagaron al médico, que se quejó ante los tribunales, victimarios que van de víctimas, según deja caer el Sr. Bayo (cosa que comprobaré) al indicar que el Sr. Rodríguez y un hijo del mismo eran los «petardistas».
Este pequeño divertimento, lo continuaré, siempre que esto sea posible, si averiguo quiénes lanzaban dinamita a un médico y por qué y en qué consistió la profanación y el sacrilegio uqe se mencionan, pero no se revelan.
Muchas gracias,
Jesús M. Cabrera.
MrB Genealogista.
Fuentes:
– Fotografía Nº: 008269. Archivo de fotografía histórica de Canarias, FEDAC.
– Archivo Hemeróteca de El Museo Canario (AHMC): Prensa:
El Trabajo y El Liberal.


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