Saltear al contenido principal

El Jardín de las Delicias. La finca «Matagatos» y sus delietes.

EL JARDÍN DE LAS DELICIAS.

LA FINCA “MATAGATOS” Y SUS DELEITES.

El Guiniguada y las fincas del Pambaso (Izquierda) y de Matagatos (Derecha). 

Fotografía N.º: 000185. Fotógrafo: Luis Ojeda Pérez. Colección: José A. Pérez Cruz. Año: 1900.

 [Fuente: Archivo de fotografía histórica de Canarias, FEDAC].

 

Decía alguien a quien le gustaban los sombreros, y concretamente los bombínes, más que a mi, que: “Mirada de cerca, la vida es una tragedia, pero vista de lejos, parece una comedia”. No puede ser otro que el gran Charles Chaplin.

En esta ocasión, quiero adentrarme en esta tragicomedia que es la vida, a través de un pequeño suceso que tuvo lugar en el año de 1931 en nuestra ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Más que un suceso, podría considerarse una disputa entre vecinos, algo completamente normal en toda época y lugar. Para aquellas buenas gentes que denunciaron el hecho, no sería nada agradable, como bien podemos comprobar en el expediente, pero no he podido evitar reírme varias veces a medida que lo leía. Sin más preámbulos comparto los hechos…

El 11 de junio de 1931, 22 vecinos de la Calle Juan de Quesada, presentan una instancia al Alcalde denunciando lo siguiente, cito, y disculpen mis comentarios jocosos entre corchetes:

“Los que suscriben, vecinos de esta Ciudad y con domici- / lio en la calle Juan de Quesada, tienen el honor de poner / en conocimiento de V.S. lo siguiente: / Al Norte del Hospital de San Martín y al Sur de nues- / tras viviendas respectivamente, entre aquél y éstas, se ex- / tiende una larga faja de terreno, dedicada al cultivo de / plataneras. Contiene esta finca, en su recinto, un estan- / que que se alimenta de las aguas residuales del Hospital / de San Martín, aguas que, por su procedencia, llevan consi- / go multitud de gérmenes altamente nocivos para la salud. [Y tanto, imagínense ustedes las aguas que pueden salir de un Hospital].Y / como dicho estanque -aunque en apariencia cubierto- está / destinado al riego de aquella finca, cuyas aguas utiliza su dueño -como inmejorable fertilizante- [No sé si este es un comentario irónico de los vecinos, pero vamos, seguro que los plátanos estaban deliciosos] en las horas de / la madrugada [El perfume debía llegar a todos los rincones de las casas], he aquí que el vecindario se vea constante- / mente amenazado por el peligro de las miasmas [Siempre que veo esta palabra me acuerdo de la gran obra de Víctor Hugo, “Los Miserables”] que de tan / corta distancia emanan, amén de las consiguientes molestias / que suministran verdaderas plagas de mosquitos [Creo que el vecino que era dueño de la finca, quería ser popular], que tienen / en tales inmundicias sus más confortables criaderos [Era un poeta o imitaba a Quevedo quien escribió esta denuncia]. / Además [Ahora viene lo mejor o lo peor, según se mire], dicha finca, constituye un espectáculo nada de- / coroso, e indigno también de un pueblo culto [Hombre, creo que aquí se excedió algo el poeta, aunque sí que es desagradable la situación], pues a toda / hora sirve al transeunte despreocupado de evacuatorio pú- / blico [Me parece magistral este eufemismo para llamar guarros a los vecinos a los que les entraba un apretón], cuando no, en las horas nocturnas, de lugar de ex- / pansiones groseras por parte de prostitutas e individuos / degenerados que, internados en el laberinto del platanal, / escarnecen los más altos principios del decoro, la moral y / la ciudadanía [Esta parte del texto ya me parece merecedora de un premio literario], siendo el asombro del vecindario que no pue- / de ni siquiera asomarse a las ventanas, ante el temor de / ser espectadores de actos tan incalificables [Pues sí la verdad, vaya panorama: olor hediondo y vecinos cubriendo sus necesidades intestinales y no intestinales a cualquier hora del día, y todo ello gratis solo por abrir la ventana].//

[Ahora los vecinos se ponen duros] Por último, la finca de referencia, que está empla- / zada contigua a una calle moderna y espléndidamente / urbanizada, y que linda además con un Centro de Ense- /ñanza de categoría, como es el Instituto Nacional, debía, si no desaparecer [¡Hombre, eso es muy fuerte!], – que sería lo más lógico / pues además existe burlando las Ordenanzas municipa- / les-, al menos estar debidamente amurallada y en con- / diciones de garantía para el vecindario [Esto sí es razonable]. / Por todo ello / SUPLICAMOS a V.S. respetuosamente que, habida por / presentada esta instancia, y en atención a las podero – / sas razones en ella expuestas, se digne ordenar que / las aguas del Hospital cesen de afluir al estanque ci- / tado, yendo en lo sucesivo a la cloaca general [Así debía haber sido desde el principio], y to- / me los demás acuerdos encaminados a solucionar un con- / flicto que hace mucho tiempo tiene alarmado [Asqueado diría yo, física y moralmente] a este ve- / cindario, el que confía en que el Municipio, hacién- / dose eco de su sentir, vendrá a devolverle la tranquili- / dad anhelada. / Es gracia que esperamos merecer de la reconocida / rectitud de V.S.[Una buena forma de presionar al político de turno], por ser de justicia. / Las Palmas 11 de Junio de 1931./ [Rubrican todos los vecinos afectados].//  

 

Pues bien, presentada la instancia, es remitida el 13 de junio de 1931 al Inspector de Sanidad, que en aquel entonces era D. Gregorio de León Morales, inspección que realiza el día 23 y cuyos resultados llegan al Negociado de Sanidad el 25. El 26 de junio le llega al propietario de la finca, que no mencionaré, las medidas que la Alcaldía, le exige. Transcribo la notificación literalmente:

“Vista la denuncia presentada por ve- / cinos de la calle de Juan Quesada, rela- / cionada con la finca de plátanos de su / propiedad conocida por “Matagatos”, en  / la cual existe un estanque que recoge / aguas residuales del Hospital de San / Martín, destinadas al riego de dichos / terrenos con peligro de la salud públi- / ca, además de las molestias que produ- / cen los malos olores y de hallarse con- / vertida en evacuatorio público, siendo / también campo de actos inmorales; de con- / formidad conel informe emitido por el / Sr. Inspector municipal de Sanidad del / distrito Iº., se concede a Vd. un pla- / zo de treinta días para que proceda a / poner la mencionada finca en las condi- / ciones siguientes: // Iº.- Cerrar herméticamente el estanque y / echar en las aguas, cada diez o doce / días, petróleo ordinario, con objeto de / destruir las larvas de los mosquitos. / 2º.- Proceder a limpiar perfectamente los / rincones de la finca en evitación de / focos de infección; y / 3º.- Amurallar toda la parte baja para im- / pedir el acceso de gentes que puedan / cometer actos inmorales. / Las Palmas, 26 de junio de 1.931//”.

 

Fincas del Pambaso. 

Fotografía N.º: 000247. Fotógrafo: Luis Ojeda Pérez. Colección: José A. Pérez Cruz. Año: 1890.

 [Fuente: Archivo de fotografía histórica de Canarias, FEDAC].

 

Una vez recibida la notificación por el dueño de la finca, éste intenta “colar” alguna modificación sobre lo que se le había exigido en carta enviada al Alcalde el 2 de julio de 1931. Fueron estas:

“[…] las siguientes modificaciones: / A) – Renunciar al agua prcedente del Hospital y con la que / se riega dicha finca y por lo tanto no ser necesario techar / el estanque. / B) – Limpieza general de la finca. / C) – Sustituir la muralla de cerca por postes de cemento arma- / do con alambrada de púas o lisa según acuerde V.S., pues no / habiendo acera en la parte de calle que linda con la finca / no existe peligro para los transeuntes. / […]. / Las Palmas á primero de Julio de mil novecientos treinta y / uno. //.

 

Como pueden ver, el señor de la finca “Matagatos” intentó que el Ayuntamiento aceptara algunas modificaciones, aunque solo lo consiguió en parte. El 3 de julio de 1931 el Inspector de Policía Urbana recomienda al Alcalde lo siguiente:

“[…] la cerca que limite la finca de refe- / rencia con la calle, debe ser construída de mamposteria y el muro de- / be tener la altura mínima de dos metros y medio, para evitar escalos / y que las tierras, por efecto de los naturales corriminetos, invadan / la calle. // Que el hecho de no existir acera en aquella vía, no puede, al / parecer del que suscribe, alegarse como fundamento para sustituir la / cerca de mamposteria por una de alambre espinoso, pues si bien es cier- / to que aquella no está construida, nó por eso no se efectúa el paso / de transeuntes por dicha orilla de la calle, por hallarse ésta pavimen- / tada. / Las Palmas 3 de Julio de 1931. / José García Rodríguez. //”.

 

El 8 de julio se le notifica al propietario (la recibe el día 13), que ven con agrado su renuncia a las aguas residuales del Hospital, pero que no acceden a lo de los postes con alambrada de púas, transmitiéndole lo que comentaba el Inspector de Policía Urbana.

Ya el 12 de agosto de 1931 y, visto que el propietario, un imitador de El Bosco, que había creado su particular “Jardín de las Delicias” , y que no había realizado ninguna de las obras que debía haber hecho, es recriminado por el Ayuntamiento que le da un exiguo plazo de 4 días para comenzar las obras. En caso de no realizarlas en dicho plazo, sería sancionado.

Lo más gracioso de esta “pequeña anécdota”, es el desenlace, pues a este último aviso no contesta el propietario de la finca, sino en su representación D. Miguel Curbelo Espino, que expone lo siguiente:

 […]Que habiendo recibido comunicación de V. S. dándole el plazo / de cuatro dias, para empezar la construcción del muro de cerca, / en la finca denominada MATAGATOS, somete á su digna considera- / ción que con fecha doce del actual presentó el que suscribe / Don Miguel Curbelo Espino en ese Excmo. Ayuntamiento, para / su aprobación, planos para la construcción de una casa / vivienda [¡Esto sí que no me lo esperaba!] de dos plantas en la citada finca y una vez obtenido / el permiso, comenzar la edificación citada por la construcción / del indicado muro de cerca. / Es de justicia. [Bueno, este final me parece excesivo]. / Las Palmas á catorce de Agosto de mil novecientos treinta y / uno. / M. Curbelo. //.”

 

Finalmente, el Ayuntamiento cede…

Y hasta aquí este pequeño divertimento en H sostenido mayor o menor, según se mire.

Jesús M. Cabrera.

MrB Genealogista.

 

 Fuentes:

– Fotografías N.os: 000175 y 000247. Fuente: Archivo de fotografía histórica de Canarias, FEDAC.

– Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Sección: Policía Urbana y Rural. Año:1931. Expediente Nº.: 19. Archivo Histórico Provincial de Las Palmas.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Volver arriba